Aunque usted no lo crea, en una reunión hace varios años con el Secretario de Hacienda, y sus colaboradores inmediatos, una colega le expresó que seguramente ningún doctor en Economía era capaz de explicar cómo una mujer con seis hijos y un salario mínimo, miserable, es capaz de sacar adelante a toda su familia. Quizá ella es mucho más “maestra” en Economía que los estudiosos.

Pues esa afirmación expresada hace muchos años encuentra ahora un respaldo académico de dimensiones insospechadas. Las finanzas de los pobres, de Daryl Collins et al (ed. Debate), refleja un esfuerzo excepcional y único para comprender la vida financiera de los pobres, es decir, cómo administran sus escasos recursos. Para esto, se escribieron diarios de casi 300 familias de India, Bangladesh y Sudáfrica, diarios que cada 15 días se llenaban con los reportes de los movimientos del dinero de las familias. Así durante un año.

Con esta riquísima información ha sido posible acercarse a una comprensión más próxima y certera de los múltiples y variados mecanismos que los pobres utilizan para enfrentar su sobrevivencia y dar una mejor esperanza de vida para sus familias.

Uno de los primeros resultados de esta investigación fue desmontar los prejuicios que todos tenemos con relación a los pobres y su dinero. Otro resultado no menos sorprendente fueron que los pobres requieren más una buena administración de sus escasos recursos y que llevan un poco visible pero eficiente manejo de sofisticadas herramientas financieras.

En esta breve nota destacaremos tres descubrimientos sobresalientes. 1) Los pobres son los actores más importantes para disminuir la pobreza; hacen esfuerzos cotidianos para ayudarse a sí mismos en forma activa. Los actores externos apoyan estos procesos, pero no son los determinantes en esta lucha en contra de la pobreza. 2) Los pobres utilizan herramientas financieras de manera activa, no a pesar de ser pobres, sino justamente porque son pobres; han diseñado y encontrado alternativas para manejar su escaso dinero. La investigación encontró que en un año usan un promedio de 10 instrumentos financieros distintos, diversificación que responde a necesidades y oportunidades diferentes. 3) Los pobres “administran” el dinero ahorrando cuando pueden y pidiendo prestado cuando es necesario.

Conclusiones claves: la demanda de un lugar para ahorrar es infinitamente mayor que la de obtener crédito. La inclusión financiera no se reduce a que se cuente con una tarjeta donde se entregan los subsidios o se paga la nómina, es el esfuerzo por facilitar la administración del dinero a través de diversos instrumentos seguros, flexibles y próximos al lugar de residencia.

Los economistas tienen mucho que aprender de los pobres. Este libro es una magnífica ocasión. Las microfinanzas también encontrarán aquí sugerencias invaluables para prestar servicios financieros más cercanos y flexibles, de calidad y a precios asequibles. Un hueco que el libro no aborda es cómo las finanzas de los pobres son también una excelente ocasión para educar, pero eso es tema de futuras reflexiones.

El autor es experto en microfinanzas. Coordina Cosechando Juntos lo Sembrado, SC.
Profesor del Centro de Microfinanzas COLCAMI
acastil@udec.org.mx