Introducción

El presente trabajo tiene como objeto abordar el estado del arte en relación al tema de la capacidad de ahorro en los segmentos económicos de menores recursos en el país.

La importancia del ahorro para enfrentar momentos de volatilidad o incertidumbre, especialmente en los segmentos de menores ingresos, es significativa. Sin embargo, más de 2,500 millones de personas a nivel global no tienen acceso a servicios financieros. El ahondar en esta problemática es por lo tanto relevante.

Asimismo, la importancia de que exista mayor participación en el sector financiero queda remarcada por la relación que existe entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico (King y Levine (1993) y Levine (2004), por ejemplo), así como la relación del desarrollo financiero y la reducción de la desigualdad económica (Beck, Demirgüc-Kunt y Levine (2007)).

En el mismo sentido, diversos estudios han demostrado que, al contar con los instrumentos con las características adecuadas, incluso los segmentos de menores ingresos incrementan, de forma más que proporcional vs otros segmentos de la población, los recursos destinados al ahorro formal (Aportela (1999) para el caso de México, por ejemplo).

El análisis se dividirá en las siguientes secciones. La primera abordará el tema del impacto del desarrollo financiero (donde los instrumentos de ahorro son los de mayor importancia) en el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad.

La segunda sección revisará la relevancia del ahorro para las familias, especialmente en los segmentos económicos más bajos, debido a su uso como instrumento de prevención financiera ante eventos de incertidumbre.

Una vez establecidos los puntos anteriores, se definirá el concepto de la Inclusión Financiera (elemento aglutinador del tema de uso y accesos de servicios financieros), para así entrar a analizar la situación actual de la Inclusión Financiera a nivel global a través de instrumentos formales a fin de concluir el estado de avance del mismo.

Finalmente, se planteará si existe la necesidad y la capacidad de ahorro en los segmentos económicos menos favorecidos.

La importancia del desarrollo financiero en términos macroeconómicos

A nivel macroeconómico, el desarrollo financiero tiene importantes impactos en dos variables que son de suma importancia en el desarrollo económico de los países, como son el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad.

Varios autores han señalado la estrecha relación existente entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico.

King y Levine (1993) encuentran que diversas medidas de desarrollo financiero (profundidad financiera, tamaño del sector financiero y la relación entre la colocación de crédito por parte del sistema financiero al sector privado vs el sector público) están relacionadas al crecimiento futuro de una economía, incluso para los siguientes años. Los autores analizan una muestra de 80 países para el periodo de 1960-89 donde encuentran la relación entre desarrollo financiero y las tasas actuales y futuras de crecimiento económico, llegando tan lejos en el tiempo como con el hecho de que el desarrollo financiero actual está positiva y significativamente relacionado al crecimiento del PIB per cápita de los siguientes 30 años.

Levine (2004) hace una amplia revisión de la literatura existente sobre la relación de desarrollo financiero y crecimiento económico. Señala que si bien hay controversia sobre el rol y efecto del sector financiero en el crecimiento económico, hay suficiente evidencia de que la existencia en una economía tanto de intermediarios financieros como de mercados financieros, es relevante para el crecimiento económico. Asimismo, señala que la teoría y la evidencia implican que sistemas financieros desarrollados reducen las restricciones financieras de las empresas, con lo cual estas tienen un efecto positivo en el crecimiento económico. En el mismo sentido, señala que los instrumentos, mercados e instituciones financieras mitigan el efecto de los costos de información y de transacción, contribuyendo al crecimiento económico.

En una referencia local sobre la relación entre la Inclusión Financiera y el crecimiento y bienestar económico, podemos mencionar el trabajo hecho por la CNBV publicado en el Cuarto Reporte de Inclusión Financiera. La CNBV utiliza los índices de acceso y uso de servicios financieros mencionados anteriormente y los relaciona con el PIB per cápita de cada uno de los estados. Los resultados que encuentra marcan una relación relevante entre ambos índices y el PIB per cápita. Estos índices y el resultado de su relación con el PIB per cápita estatal, además de fortalecer la hipótesis de la relación entre la Inclusión Financiera y el crecimiento y bienestar económico, arrojan luz sobre las significativas diferencias existentes entre distintas regiones o entidades, en este caso los estados de la República Mexicana.

Abordando ahora el tema de la relación entre la Inclusión Financiera y la desigualdad económica, Beck, Demirgüc-Kunt y Levine (2007) señalan que existe una relación negativa entre el desarrollo financiero[1] y el crecimiento del coeficiente de Gini[2], por ende contribuyendo a reducir la desigualdad económica. El impacto va más allá, puesto que encuentran que el desarrollo financiero incrementa más que proporcionalmente los ingresos del quintil poblacional de menores ingresos y reduce la desigualdad de ingresos. En el mismo sentido, señala que el desarrollo financiero está asociado a una caída en la proporción de la población que vive con menos de US$1 dólar al día (una medida relativamente estándar de donde situar la línea de pobreza).

 

 

La relevancia del ahorro como instrumento de protección financiera

La importancia del ahorro en la economía de las familias, a fin de cubrir eventos o periodos de incertidumbre, como pueden ser gastos inesperados producto de alguna emergencia de salud, necesidad en el hogar o situaciones familiares, es significativa. Esto es aún más evidente en aquellos segmentos con menores ingresos, donde una situación de esta índole, por su impacto en la economía familiar, es más desestabilizadora.

Browning y Lusardi (1995) citan 9 motivos de porque la gente ahorra: para incrementar su reserva ante contingencias inesperadas, para proveer recursos ante necesidades futuras, para disfrutar intereses y apreciación, para incrementar de manera gradual su gasto, para disfrutar un sentimiento de independencia, para tener margen de maniobra ante oportunidades de negocios, para legar recursos a sus descendientes, para satisfacer gastos personales “superfluos” y para acumular recursos para pagos iniciales de bienes durables (casa, auto, etc). De hecho, los primeros 8 motivos mencionados por los autores vienen de Keynes y su trabajo de 1936[3], lo que da una idea de desde cuando se viene analizando este tema del ahorro.

Ventura y Eisenhauer (2005) resumen estas razones para ahorrar en 3 motivos principales de porque se da la formación de ahorro (es decir, el no gastar parte del ingreso actual): el motivo intertemporal, el motivo de legado y el motivo precautorio. El motivo intertemporal tiene que ver con gastos futuros que se requieren o desean hacer que superan los ingresos futuros (ahorro ingreso de hoy para poder complementar mi ingreso futuro). El motivo de legado es fundamentado por el deseo de dejar una herencia a personas o familiares cercanos. Por último, el motivo precautorio tiene que ver con la incertidumbre con respecto al ingreso y/o gasto futuro.

La importancia del ahorro para las familias en general es bastante clara. Esta relevancia incluso aumenta, de acuerdo a diversos autores, para los segmentos de menores ingresos.

Así, Sherraden (1991) señala que el ahorro no solo tiene un impacto en el consumo futuro sino que también afectan de forma positiva la estabilidad financiera, estimula el desarrollo de otros activos, incrementa la participación cívica y aumenta el bienestar económico de los hijos.

Estos efectos se enfatizan en los hogares de menores ingresos. Page-Adams y Sherraden (1996) hacen una extensa revisión literaria de este tema. En ella encuentran evidencia del efecto positivo de la acumulación de activos en diversos niveles como son: el bienestar general de las personas (mayor satisfacción, orientación hacia el futuro, reducción de depresión y problemas de alcoholismo), en incrementar la seguridad económica, mejoría en el estatus de la mujer en términos sociales y maritales y en la mejoría del bienestar de los hijos (mayor autoestima en los adolescentes, alargar los años de estudio y reducir los embarazos entre adolescentes).

 

Definición y relevancia de la Inclusión Financiera

A fin de tener un elemento común para establecer una mayor o menor presencia y uso de servicios financieros, entre ellos el ahorro, se definirá en esta sección el concepto de la Inclusión Financiera. La Inclusión Financiera es un tema relativamente nuevo a nivel global. Muestra de ello es que aún no existe una definición internacional consensuada y que los indicadores para medirla vienen evolucionando de manera acelerada en los últimos años.

Para encontrar una definición de Inclusión Financiera, hacemos referencia al tercer reporte sobre Inclusión Financiera de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV, 2011) de México, donde define la Inclusión Financiera como:

“La Inclusión Financiera es el acceso y uso de una gama de productos y servicios financieros por parte de la población, bajo una regulación apropiada que cuida los intereses de los usuarios del sistema y fomenta sus capacidades financieras.”

En ese mismo sentido, la CNBV en su Cuarto Reporte sobre Inclusión Financiera (CNBV, 2012) señala las diferentes etapas que conforman la curva de inclusión financiera, es decir, los pasos necesarios en el desarrollo de la inclusión financiera. En primer lugar habla del acceso a servicios financieros, logrado a través del incremento en la penetración geográfica del sistema financiero, en sus diversas modalidades: bancario, cajas de ahorro, microfinancieras, corresponsalías, etc. Como puntos de acceso en México la CNBV considera las sucursales, los corresponsales bancarios, los cajeros automáticos, las terminales punto de venta, la Banca móvil y la Banca por internet.

Posteriormente marca la evolución hacia el uso de los servicios financieros, es decir, una vez que está disponible el acceso a los mismos, tener un desarrollo de productos que logren que la población utilice de mayor y mejor manera los servicios financieros ahora disponibles.

En tercer lugar la educación financiera, que de acuerdo a la definición de la OCDE trata sobre “el proceso por medio del cual los usuarios de servicios financieros mejoran su entendimiento sobre productos y conceptos y, a través de información, instrucción y/o asesoramiento, desarrollan las habilidades y la confianza para ser más conscientes de los riesgos y oportunidades financieras en la toma de decisiones (…)”.

Por último, señala el tema de protección al consumidor, donde se busca crear condiciones más equitativas entre los proveedores de servicios financieros y los consumidores de estos servicios, a través de mayor transparencia de los productos y servicios financieros, la protección de la información del usuario y la protección contra prácticas comerciales abusivas.

Como se aprecia en la definición, el estudio de la Inclusión Financiera lleva tanto indicadores de acceso a servicios financieros como del uso de los mismos. En el mencionado Cuarto Reporte de Inclusión Financiera la CNBV elabora un par de índices sobre acceso y uso de servicios financieros por estado. En el caso del índice de acceso a servicios financieros, la CNBV utiliza los siguientes indicadores: número de sucursales bancarias, comisionistas, cajeros automáticos y terminales punto de venta, todos normalizados por la población mayor a 15 años de cada estado. En lo que hace al índice de uso de servicios financieros, utiliza el número de tarjetas de débito (explícitamente señala que no utiliza las tarjetas de crédito por tratarse de servicios relacionados con cuentas de depósitos), cheques interbancarios, domiciliaciones, transacciones en TPV y transferencia electrónicas de fondos, también normalizando por el número de habitantes mayores de 15 años de la entidad.

Así, en el concepto de Inclusión Financiera tenemos indicadores del uso y acceso de servicios financieros. Lo siguiente sería revisar cual es el estado de la misma en el mundo, a fin de determinar su estado de avance e identificar posibles áreas de oportunidad.

 

Situación de la Inclusión Financiera a nivel global

Diversos estudios ubican el número de personas que no tienen acceso a servicios financieros en más de 2,500 millones de personas a nivel global (Allen, Demirgüc-Kunt, Klapper y Martínez Peria (2012) por ejemplo). De ellos, 2,200 millones viven en Africa, Asia, América Latina (con alrededor de 250 millones) y el Medio Oriente. Incluso en países desarrollados como los Estados Unidos, existe un porcentaje significativo de hogares en esas circunstancias. En ese país, el 8.2% de los hogares no utilizan los servicios financieros y el 29% de los hogares no tiene una cuenta de ahorro (FDIC, 2011).

Estudios a nivel internacional (Demirgüc-Kunt y Klapper, 2012) muestran que solo la mitad de la población global adulta tiene una cuenta bancaria en instituciones financieras formales en el mundo. El nivel de penetración contrasta al revisar las diferentes regiones del mundo. Por ejemplo, en los países considerados de alto ingreso, el 89% de la población adulta tiene cuenta bancaria, mientras que en el otro extremo, los países de Oriente Medio y Norte de Africa reportan un 18% de penetración. En el caso de América Latina y el Caribe, la penetración es de 39%.

Lo mismo sucede al revisar este indicador de acuerdo al nivel de ingreso dentro de un mismo país. De acuerdo a Demirgüc-Kunt y Klapper (2012) en los países en desarrollo, las personas que integran el quintil de ingresos más alto tienen el doble de probabilidad de tener una cuenta bancaria que aquellos en el quintil más bajo. Este mismo estudio señala otras características que también se observa afectan el porcentaje de adultos con cuenta bancaria en países en desarrollo son: género (46% de los hombres tienen cuenta vs 37% de las mujeres), educación (personas con educación terciaria tienen el doble de probabilidad de tener cuenta bancaria que las que cuentan solo con educación primaria o menos), edad (personas entre 25 y 64 años tienen mayor probabilidad de tener cuenta bancaria que aquellas menores de 25 o mayores de 64 años) y si se trata de personas que vivan en un entorno urbano o rural (los primeros tienen una penetración del 50% vs 40% de los segundos).

Inclusive el tener una cuenta bancaria no significa que sea utilizada como mecanismo de ahorro. Demirgüc-Kunt et al. (2012) señalan que, utilizando la encuesta global del Banco Mundial (Global Findex) encuentran que en los 148 países encuestados el 50% de los adultos tienen una cuenta bancaria pero solo el 22% declaró haber ahorrado en una institución financiera formal en los últimos 12 meses para ahorrar.

Las razones por las cuales estos segmentos de población no utilizan los servicios financieros han sido identificadas como barreras para la Inclusión Financiera. Beck, Demirgüc-Kunt y Martínez Peria (2008) identifican 3 grandes grupos de barreras: situación geográfica (distancia a la sucursal más cercana y menú de servicios disponibles en las mismas), costo de acceso (monto mínimo exigido para abrir y mantener una cuenta de cheques más las comisiones cobradas por los mismos conceptos) y eligibilidad (documentación necesaria para abrir una cuenta). Es en los segmentos económicos más bajos donde estos 3 grupos de barreras tienen un mayor impacto. Los autores llevan a cabo un análisis de la correlación de estas barreras contra el desarrollo económico (usando el PIB per cápita) y profundidad financiera (medido como la razón de crédito privado a PIB) encontrando una alta correlación de la presencia de barreras financieras y un menor desarrollo económico (es decir existe mayor presencia de las mismas en los segmentos con el PIB per cápita más bajo) y una menor profundidad financiera (es decir, más barreras donde se da un menor crédito privado a PIB).

De esta manera, nos podemos dar cuenta de que existe todavía un segmento muy amplio de familias a nivel global, que no tienen accesos a servicios financieros formales, lo cual se da, en mayor medida en los segmentos económicos más bajos. Esto nos lleva a la pregunta si esto sucede porque no existe interés o capacidad de ahorro en ese universo, misma que abordaremos en la siguiente sección.

 

Capacidad de ahorro en los segmentos económicos de menores recursos

Aportela (1999) en su estudio sobre la expansión territorial del Patronato Nacional de Ahorro en México durante 1993 así como la creación de nuevos instrumentos de ahorro (Tandahorro y Cuentahorro) más ad-hoc a las necesidades de la población de bajos ingresos (sin costo de apertura, apertura de cuentas con 50 pesos vs las cuentas de cheques de la banca tradicional que exigían un mínimo de 1,000 pesos, balances mínimos pequeños, sin costos por operación, etc). , utilizando para ello la Encuesta Nacional de Ingresos y Egresos de los Hogares (ENIEH) de 1992 y 1994. Aportela encuentra que al implementar esta estrategia, la tasa de ahorro aumentó entre 3 y 5%, pero, más significativo para esta investigación, la tasa de ahorro de los hogares más pobres aumentó más de 7%.

Robinson (1992) lleva a cabo un estudio en Indonesia donde muestra que existe demanda por mecanismos formales de ahorro. Robinson critica los estudios que señalan que existe poca posibilidad de ahorro en medios rurales, por ejemplo, cuando realmente el problema es la falta de instituciones e instrumentos apropiados. Señala que incluso en los países menos desarrollados, existe capacidad de ahorro.

Robinson (2001) muestra que en las familias pobres de Indonesia existe una gran demanda por servicios de ahorro, siempre que estén diseñados de acuerdo a las necesidades de los segmentos menos favorecidos, por ejemplo, combinaciones de liquidez y rendimiento que se adecuen a las necesidades de flujo de las personas de este segmento. Una prueba de stress fue la crisis ocurrida durante el periodo 1997-1999 en ese país, donde a pesar de las condiciones adversas, las cuentas de ahorro de las microfinancieras pasaron de 17 millones en junio de 1997 a 24.2 millones en 1997 y el monto manejado en las mismas pasó de $.7.7 trillones de rupias a $17.1 trillones de rupias.

Por otra parte, en lo referente a las diferentes opciones que encuentra la gente para canalizar su ahorro, Robinson señala que en los países en desarrollo, la gente pobre ahorra y lo hace de forma regular. Sin embargo, sus formas de ahorro son variadas, desde el uso de mecanismos informales (guardar el dinero en casa, tandas, guardar el dinero con un pariente, etc), llegando hasta pagar servicios de recolección sin recibir rendimiento a cambio, hasta cuentas de ahorro en instituciones financieras formales. La demanda de la gente para ahorrar surge de necesidades como el reducir la variabilidad de sus flujos de ingreso y gasto, sobrevivir a periodos de bajos o nulos ingresos (por ejemplo el periodo previo a la cosecha), juntar una cantidad de dinero para un objetivo específico (fiesta, matrimonio, educación hijos, muebles, etc), tener recursos para aprovechar oportunidades de inversión, cubrir obligaciones religiosas o enfrentar emergencias, por mencionar algunos.

Collins, Morduch, Rutherford y Ruthven (2009) llevan a cabo un análisis de 250 familias en 3 países (Bangladesh, India y Sudáfrica) para las cuales hacen un seguimiento de varias semanas a fin de identificar los hábitos y necesidades de ahorro y crédito que encuentran en sus vidas diarias, principalmente entre aquellos que ganan menos de US$2 dólares diarios, que, adicionalmente a los bajos ingresos, enfrentan la gran volatilidad del mismo (al ser proveniente, en muchos casos, o de fuentes informales o de diversos empleos con salarios bajos e irregulares en sus periodos de contratación). Los hallazgos del estudio muestran que las familias buscan ahorrar en periodos de ingresos más altos y pedir prestado en momentos de ingresos bajos. De esta manera, pensar en una sola solución de ahorro o de seguros es poco realista ante la multiplicidad de fines y características necesarias que deben tener los distintos tipos de ahorro que estas familias, como cualquier otra, requieren.

Uno de los grandes retos al que se enfrenta este segmento (además del obvio de sobrevivir con ese monto) es que se trata de un promedio diario, es decir, debido a que la mayoría este grupo está relacionado a la economía informal, su ingreso es muy volátil. Pueden pasar días sin recibir ingreso alguno y después “picos” de ingresos mayores. Aún cuando un porcentaje muy alto de su ingreso se gasta en consumo básico, especialmente alimentos, existen otras necesidades como lograr estandarizar ese consumo básico vs un ingreso volátil, o como cubrir otros gastos como médicos, o gastos mayores (muebles o el matrimonio de un hijo).

La gran mayoría de los hogares en estas circunstancias muy rara vez consume la totalidad de su ingreso diario. De hecho, las familias buscan ahorrar en periodos de ingresos más altos y pedir prestado en momentos de ingresos bajos. Los métodos utilizados son muy variados, desde guardar el dinero en casa, con familiares o vecinos, con empresas financieras, formar parte de grupos de ahorro y crédito, pedir prestado a vecinos, familiares, patrones, prestamistas e instituciones financieras.

Así, los autores identifican 3 razones básicas por las cuales estas familias requieren de servicios financieros (formales o informales):

 

  1. Manejo de necesidades básicas: Es decir, asegurar el acceso a los recursos básicos vs un flujo de efectivo diario irregular.
  2. Manejo del riesgo: Enfrentar las emergencias e imprevistos.
  3. Lograr el pago de sumas fijas altas: Buscando aprovechar oportunidades (inversión en algún negocio) o compra de objetos de alto valor (muebles, pago de una fiesta, etc).

 

Este segmento de la población enfrenta la triple dificultad de encontrarse ante un entorno de bajos ingresos, irregularidad en la obtención de los mismos e incertidumbre. De ahí que los autores señalen que este grupo requiere necesariamente de servicios financieros (incluso mencionan que, en su opinión, los necesitan más que cualquier otro grupo económico).

Es importante señalar que los autores manifiestan que en la totalidad de los hogares observados, incluso en los más pobres, se encontró algún tipo de ahorro, a través de mecanismos muy variados, en su mayoría informales. La variedad de instrumentos que estas familias utilizan para ahorrar es amplia. Los autores señalan que dentro de la categoría de ahorro, hay diferencias importantes con respecto a que instrumentos utilizan dependiendo de la circunstancia o destino del ahorro. Por ejemplo, para el manejo del día a día, el mantener dinero ahorrado con fácil y frecuente acceso (tanto para ahorrar como para retirar) es muy relevante. La seguridad es importante, pero el interés recibido es mucho menos trascendente. Sin embargo, para conformar ahorro de largo plazo, las características que se privilegian son la seguridad, que se vuelve muy relevante ya que quizás se requiera un periodo largo de ahorro lo que aumenta el riesgo de perder los recursos, las restricciones de liquidez (para evitar la tentación de gastar anticipadamente el dinero) y el retorno o interés ahora es más relevante.

Esta información queda de manifiesto también en Demirgüc-Kunt y Klapper (2012) que señalan que el 29% de los ahorradores a nivel global utilizan mecanismos no formales (es decir no utilizan instituciones financieras establecidas) para su ahorro. Incluso en 55 países de los 148 analizados, estos ahorradores “informales” representan más de la mitad del total de gente que declaró haber ahorrado en los últimos 12 meses.

De esta manera, los motivos principales generales que se han identificado como detonadores del ahorro se encuentran presentes en los segmentos de la población con menores ingresos. Esto resulta en la existencia de una demanda de instrumentos de ahorro, que ha sido satisfecha tanto por mecanismos informales (en muchos casos) como por los formales (en menor medida). La evidencia indica hacia el hecho de que cuando los instrumentos ofrecidos se adecúan a las características y necesidades de este segmento, el ahorro en el sector formal se incrementa.

 

Conclusiones

En este trabajo encontramos que el desarrollo financiero tiene un impacto relevante tanto en el crecimiento económico como en la reducción de la desigualdad económica. Asimismo, la importancia del ahorro para la planeación y protección financiera de las familias quedó de manifiesto.

Por otra parte, establecimos la definición y relevancia de la Inclusión Financiera como un concepto aglutinador del acceso y uso de servicios financieros y se estableció la importancia del mismo una vez que alrededor de 2,500 millones de personas están hoy excluidas, a nivel global, de los servicios financieros formales. Se identificaron algunas de las barreras que provocan esta exclusión: geográficas, de costo y de eligibilidad.

Así, dada la importancia del desarrollo financiero, la importancia del ahorro para las familias y el enorme colectivo que a nivel global está excluido de los servicios financieros, se buscó responder a la pregunta si los segmentos económicos más bajos tienen capacidad de ahorro. La respuesta es afirmativa, siendo de gran importancia no solo el poder tener acceso a los mismos sino el contar con productos adecuados a las características y necesidades de estos segmentos.

De esta manera, consideramos que este trabajo presenta las bases para futuros análisis que profundicen como lograr acercar los servicios financieros a los segmentos económicos menos favorecidos, a fin de contar con un elemento fundamental para incrementar el crecimiento económico, el bienestar de las familias y reducir la desigualdad económica.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

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[1] Los autores miden esta variable con el ratio de Crédito Privado vs PIB.

 

[2] El coeficiente de Gini se utiliza para medir el grado de desigualdad económica. Este se puede situar entre 0 (no hay desigualdad) y 1 (desigualdad total).

 

 

[3] Keynes, J. (1936). The General Theory of Employment, Interest and Money. London: MacMillan.