Con mucha preocupación y tristeza hemos visto en nuestro país los efectos devastadores de “INGRID Y MANUEL”. El recuento de los daños señala que 171 municipios del país se encuentran en situación de desastre natural y decenas más en condiciones de emergencia, según cifras de la Secretaría de Gobernación (Segob).

Los 171 municipios con declaratoria de desastre natural —que equivalen al 7% del total nacional— se distribuyen en nueve estados.

El que concentra el mayor número es Guerrero, con 56. Entre ellos está el puerto de Acapulco, un centro turístico del que miles de visitantes comenzaron a salir de regreso a sus lugares de origen, luego de que las lluvias dejaran inhabilitados los caminos.

La secretaría de Gobernación, ha informado que hasta ahora se tiene registro de 110 muertes por causa de las lluvias ocasionadas por Ingrid y Manuel.

Además, hasta estos días se tenía registrado que un millón doscientas mil personas sufrieron algún tipo de afectación por las lluvias y, de ellas, unas 300,000 están damnificadas.

Los daños son de tal magnitud que se tiene previsto realizar de forma urgente ajustes al presupuesto para el año 2014 y considerar para el FONDEN 7,200 millones de pesos.

Si hacemos un análisis del sector al que corresponden los afectados nos daremos cuenta que son los pobres y los pobres entre los más pobres, esto es la población que identificamos como altamente vulnerable, los que se ubican en la Base de la Pirámide, para los que en nuestro país se están fortaleciendo programas sociales que ayuden a mitigar su condición de vida tan lamentable y que eventualmente puedan crear una opción de desarrollo.

Es urgente re-establecer las vías de comunicación para hacer llegar ayuda de toda índole, de tratar de reactivar a los afectados, de apoyarles a través del microfinanciamiento para que retomen una actividad productiva que los ayude a reinventar su vida.

La experiencia en otros países centroamericanos que han pasado por fuertes desastres naturales confirma que el microcrédito puede ser una de las acciones más importante en el proceso de reconstrucción.

En el 2010 Haití quedó destrozado tras un devastador terremoto que dejó más de 200.000 fallecidos y tres millones de personas sin casa ni lugar de trabajo. Esto agravó más las condiciones de las personas en esta isla. Esto activó proyectos de microcréditos para ayudar a esta población necesitada.

Las primeras que deberán iniciar acciones de ayuda a las comunidades son las microfinancieras que operan en las zonas afectadas, ellas tendrán que establecer programas emergentes que apoyen la reactivación económica.

Es importante la manifestación de responsabilidad social-empresarial en un tema tan doloroso como el que se está viviendo.

La suma de los esfuerzos de la sociedad civil, del sector empresarial y de las autoridades es la respuesta que todo México espera.