Del 3 al 5 de septiembre, Mérida acogerá la 17ª Cumbre Mundial. Han pasado 17 años de la 1ª Cumbre, donde el microcrédito adquirió carta de ciudadanía. “La próxima generación: innovaciones en microfinanzas” es el tema central.

La variedad de exponentes y participantes de todo el mundo muestra el alcance que ha tenido este movimiento. El programa abarca no sólo temas específicos de las microfinanzas; también salud, educación, pequeña agricultura, etcétera.

Sin embargo, la reunión pudo también celebrarse en Marte, pues no aborda aspectos terrenales de las microfinanzas. Revela el espíritu triunfalista, de celebración optimista e ingenua que en 1997 impregnó la 1ª Cumbre en Washington, Fox presente, siendo gobernador de Guanajuato.

¿Cuáles aspectos terrenales deja de lado esta magna reunión? Cinco temas ineludibles:
1) el sentido original que permitió que la experiencia del Grameen en Bangladesh se convirtiera en un movimiento global: liberar a los pobres de los prestamistas y usureros, como un primer paso para recuperar la dignidad y disminuir la pobreza; es decir, ¿en qué forma esta idea fundacional se resignifica a partir de su propia historia?;
2) la evolución del movimiento en 17 años; ¿qué transformaciones ha tenido tanto conceptual como metodológicamente la propuesta original, evidentemente desdibujada y corrompida?;
3) el análisis crítico de las severas crisis microfinancieras en Nicaragua, Marruecos, Bosnia y Herzegovina, Pakistán, Andhra Pradesh en India y la apenas anunciada en Sudáfrica con la quiebra del Afrikan Bank;
4) un cuestionamiento del crédito como instrumento reductor de la pobreza y de inclusión financiera, cada vez más puesto en duda y
5) una reflexión profunda sobre los excluidos —que no viven la exclusión y pobreza igual que en 1997—, sus nuevas necesidades, sus condicionantes educativos, de salud, de vivienda, de carencia de oportunidades, etcétera. Es decir, las nuevas expresiones de exclusión y vulnerabilidad de la segunda década del siglo XXI.

El primer tema programado será la pobreza, pero seguramente será aséptico: datos y más datos, en lugar de abordar la obcecada dinámica de la vulnerabilidad.

Dado que la Cumbre tiene lugar en México, era fundamental abordar dos temas frecuentemente mencionados en discusiones internacionales: a) las elevadas tasas de interés en el sector de las microfinanzas en México, las mayores de AL, algunas de ellas consideradas como usureras en otros países, y b) el creciente sobreendeudamiento, un fenómeno no exclusivo de México, pero que desde el extranjero preocupa.

En particular, si la Cumbre se celebra en Mérida, hubiera sido apropiado analizar el sobreendeudamiento en esta ciudad. Un reciente estudio menciona que 57% de los que solicitan microcréditos tiene algún grado de morosidad; peor aun, en volumen vencido alcanza 80 por ciento. La oportunidad de reflexionar sobre esta problemática en la Cumbre, a modo de ejemplo, acercaría a los participantes al mundo real.

De ahí que la planeación de la Cumbre ha carecido de un ánimo introspectivo y autocrítico, que se ubique en el tiempo y en el espacio, que vaya más de la racionalidad instrumental, donde se concentra la temática. Más inteligencia no hubiera estado por demás.