El convencimiento de que el futuro de las instituciones está ligado a las tecnologías de la información es cada vez mayor. Esto es más contundente para las instituciones financieras. Existe la creencia de que mientras más al norte del país se esté, hay una mayor incorporación de estas tecnologías; y que estas tecnologías están al servicio de las clases altas y medias. Sin embargo, en el sector de las finanzas populares no sucede así. Instituciones en el sur, que trabajan con sectores bajos y pobres, muestran que no está peleada pobreza e innovación tecnológica.

Un reciente reporte aporta datos concretos con relación a la incorporación de estas tecnologías en instituciones financieras populares. El Programa de Asistencia Técnica a las Microfinanzas Rurales (PATMIR) recién dio a conocer la gradual apropiación de estas tecnologías entre este tipo de instituciones. Hay que decir que se trata de instituciones que trabajan en zonas pobres y marginadas, particularmente rurales e indígenas, con las características que implica este universo: alto analfabetismo, aislamiento, servicios públicos deprimentes (salud, educación, comunicación), vivienda indigna, etcétera. En pocas palabras, alta y muy alta marginación. De un universo de 189 instituciones vinculadas al PATMIR, 33 han introducido alguna tecnología para facilitar los servicios financieros. Predominan las PDA (Palm) (17 instituciones), cajero automático (12), tabletas (6), sucursales móviles (4), celular (1) y tarjeta electrónica con TPV (1).

Proporcionalmente, sólo 17% de las instituciones ha incursionado en lo que se anticipa como el futuro de la conectividad, pero muestra un escenario promisorio para acercar servicios básicos a esta población.

Varias reflexiones provoca esta relevante evolución. La incorporación de estas tecnologías requiere vencer dos tipos de resistencias: primero, la resistencia institucional, desconfiada de tecnologías que irrumpen en formas de operación largamente probadas y que supuestamente ponen en riesgo el funcionamiento y confiabilidad adquirida durante años; en particular, las cooperativas están menos dispuestas a estos cambios. Segundo, la resistencia de los usuarios. Como toda novedad, son más los que desconfían de ellas en un primer momento. Mientras menos expuesto se ha estado a los cambios tecnológicos, más difícil es su apropiación. Cuando en un hogar rural hay licuadora y estufa, es más fácil aceptar una lavadora. Asimismo, mientras más joven se es, hay más disposición para introducir nuevos cambios.

De ahí es clave analizar el uso de las nuevas tecnologías para públicos específicos. El reporte mencionado no evalúa las diversas tecnologías, pero menciona que se requiere cierta madurez institucional, además de un plan de rentabilización. Existen cajeros automáticos de instituciones microfinancieras. A pesar de las ventajas que representa, es subutilizado por sus socios. Confían más en tratar con personas que con un aparato “que escupe dinero”. Igual puede pasar con otros instrumentos tecnológicos. En pocos años veremos grandes cambios en el sector. Pero en tecnología hay que ir con pies de plomo.